1. Desde la prehistoria a la civilización.

    Curso de Medicina Naturista
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La historia de la medicina tiene su origen en los albores de la humanidad, entendida esta como el conjunto de los seres con raciocinio. El tratamiento de las enfermedades en la prehistoria del ser humano comenzó probablemente, en el íntimo contacto con la naturaleza, con la observación de las costumbres de otros animales y con la experiencia acumulada tras la ingestión accidental o provocada de algunas especies vegetales.

La leyenda de la celidonia (Chelidonium majus) o “hierba golondrinera” citada por Dioscórides: algunas golondrinas exprimen este vegetal en los ojos de sus crías para destruir la membrana ocular que les impide la visión en sus primeros momentos de vida.

Algunas serpientes, a la hora de mudar su piel, acuden a frotarse a un árbol de corteza rugosa y seguidamente a donde crece el musgo para rehidratarse con su humedad.

Ya en las primitivas comunidades humanas los hechiceros y chamanes utilizaban en sus ritos plantas medicinales, sustancias animales, amuletos de sustancias orgánicas e inorgánicas, etc. Los sanadores estaban familiarizados con la flora del lugar donde residían, y con sus facultades medicinales y tóxicas, sirviendose además del rito, ademanes, indumentaria o palabras mágicas; así el efecto curativo se vería reforzado por la virtud de la magia del hechicero.

La medicina tradicional china y asiática data el uso de la flora medicinal con una antigüedad de unos 10.000 años. Se han catalogado unas 7.000 especies diferentes y se ha desarrollado un peculiar sistema de tratamiento que se basa más bien en el gusto, el olor y la temperatura de la planta, que en los estudios farmacológicos. Entre los textos más antiguos figura el Pen Tsao (año 2.800 a. C.) que cita plantas conocidas como el alcanfor o el ginseng.

En el mundo occidental se conoce la existencia de herbarios desde la época de los asirios, los babilonios, los fenicios y los sumerios. En la mitología egipcia Isis era la diosa de la salud y se la consideraba instructora de las leyes de la vida y de la salud, y de los métodos de cultivo de los alimentos y especies medicinales. El famoso papiro de Ebers, del año 1.700 a.C. cita aproximadamente 700 plantas utilizadas con fines medicinales, entre ellas el ajo, que se daba a los esclavos que construían las pirámides para preservarlos de las pestilencias.

  1. Los griegos y los romanos.

Pitágoras (600-500 a.C.) nos dejó las primeras indicaciones acerca de la salud. Se cuenta que Pitágoras, perseguido por sus enemigos, se negó a atravesar un campo de sembrado de habas porque padecía intensa alergia al polen de sus flores, así fue capturado y muerto por aquéllos.

Hipócrates de Cos (460-377 a. C.), su propia obra y la recopilación posterior por las escuelas de Cnido y Cos constituyen la Colección Hipocrática o Corpus Hippocraticum, más de cincuenta tratados que son la fuente inicial de la medicina clásica griega.

El concepto básico y más importante de la medicina hipocrática es el de “Physis” o naturaleza: “naturaleza universal” y “naturaleza particular” de cada cosa, en nuestro caso “la naturaleza humana”. La Physis es ordenada en sí misma y produce orden y armonía, tanto en su concepción universal, como en su sentido particular. Para el médico hipocrático la capacidad ordenadora de la Physis es la tendencia espontánea a sanar por sí misma las enfermedades. Aunque no se habla literalmente en el Corpus Hippocraticum de “vis medicatrix naturae” todo él refleja el concepto que esas palabras latinas han convertido en el paradigma actual de la medicina naturista: “la naturaleza sana por si misma”.

El médico hipocrático, adiestrado por el aprendizaje, aplicaba sus sentidos y su razón al conocimiento de la Physis del hombre sano y del hombre enfermo; pero el médico griego no es un puro fisiólogo, no puede contentarse únicamente con el conocimiento de la naturaleza del enfermo; es un técnico, un artesano, un orgulloso experto en el arte de curar, sin olvidar que el arte o la técnica están al servicio de la naturaleza y en la imitación a ésta, esto es ayudando a lo que la naturaleza hace por sí misma.

Según esta teoría las naturalezas de un hombre, un animal o una planta son únicamente diversificaciones de una Physis universal y cada parte del cuerpo humano es únicamente la diversificación de la Physis del hombre, una estructura de la realidad compuesta de cuatro “elementos primarios”: el aire, el agua, la tierra y el fuego; a los que se añaden cuatro “potencias fundamentales”: lo caliente, lo frío, lo húmedo y lo seco; y cuatro “elementos secundarios”: la sangre, la pituita o flema, la bilis amarilla y la bilis negra. Los humores serían una mezcla en proporción variable del los cuatro “elementos primarios” de la Physis universal, y de la misma manera, el organismo estaría constituido por una mezcla de los cuatro “humores” o “elementos secundarios”.

La salud consistirá en una “buena mezcla” de los humores y en un modo de vivir proporcionado y armonioso, que mantenga el punto de equilibrio de las potencias de la Physis del hombre. El estado de salud es justo, puro, bello y proporcionado; la enfermedad por el contrario es una suciedad o impureza, por tanto limpiar, “purgar” es por antonomasia -y lo seguirá siendo en el transcurso de todo el pensamiento médico naturista- curar.

La terapéutica hipocrática sigue los conceptos hasta ahora expuestos, recordando las palabras de Ambroise Paré: “Yo le asistí, Dios le curó”. El tratamiento debe respetar tres principios fundamentales: 1) Favorecer o no perjudicar “primum non nocere”. 2) No hacer nada por necesidad forzosa, abstenerse de lo imposible. 3) Actuar contra la causa de la alteración de la Physis. Cumpliendo estas tres normas el médico hipocrático es útil y con una gran prudencia, siempre sin hacer daño, ayudará a que la Physis, al sanar, restaure su orden propio.

El régimen de vida en la terapéutica hipocrática es el conjunto de los hábitos de vida del ser humano e incluía: la alimentación, el ejercicio y el descanso, los baños, la actividad profesional y social, etc.. Un hombre podía considerarse sano cuando su salud era fruto de su propia naturaleza Physis y de su régimen de vida “Díaita”.

Teofrasto (370-287 a.C.) fue discípulo de Aristólteles y Platón, y autor de un libro sobre plantas y piedras en el que se incluían ya algunos datos sobre fisiología del cuerpo humano.

Dioscórides (siglo I d. C.) estuvo en Roma al servicio de los ejércitos de Nerón entre los años 54 y 58 después de Cristo. Describió mas de 600 plantas medicinales en cinco libros titulados “De materia médica”.

Plinio el Viejo (siglo I d. C.) publicó una extensísima “Historia natural” con nada menos que 37 tomos, algunos de los cuales están dedicados a plantas bienhechoras de la salud utilizadas en los albores de la era cristiana.

Las escuelas médicas del Imperio romano seguían a Esculapio, se llamaban asclepiades y estudiaban y practicaban exclusivamente la medicina. La mitología dice en la Ilíada de Homero que Esculapio tuvo dos hijas: Hygeia y Panakeia –de las que derivan las palabras de “higiene” y “panacea”.

Asclépiades sin embargo fue antihipocrático y tenía una concepción mecánica del cuerpo humano, fue uno de los primeros en negar el poder curativo de la Physis e incluso se mofaba del trabajo de la naturaleza.

Claudio Galeno (131-200 d. C.) fue médico imperial en Roma y sus libros se estudiaron en todas las facultades hasta bien entrada la Edad Media. Galeno codificó y sistematizó por primera vez fármacos procedentes del reino vegetal, animal y mineral. Para Galeno la naturaleza seguía siendo el médico de las enfermedades dentro de las facultades del organismo: el poder de atracción, el poder de conversión, el poder de retención y el poder de excreción. También reconocía la fiebre como un agente curativo de la naturaleza. La fisiología de Galeno se fundamenta asimismo en los cuatro humores hipocráticos: la sangre, la bilis amarilla, la bilis negra y la flema o pituita. Sin embargo en Galeno existía una cierta inclinación a la polifarmacia.

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