Según los grandes iridólogos del pasado, el iris, por el color y las estructuras de sus fibras, nos indica que existen tres principales constituciones, que a su vez pueden tener varios subcategorías.

Por el color del iris las constituciones son:

Constituciones en Iridología

Por la estructura o forma del estroma del iris (las fibras que lo forman):

Por las acumulaciones en el iris

Otros autores hilan más fino todavía y hacen más subtipos de estas constituciones. Por otra parte, tenemos que tener en cuenta que no siempre encontramos estas constituciones en estado puro, sino mezcladas entre sí. El caso es que sin duda, todos nacemos con una clara predisposición hacia ciertos patrones de enfermedad. Sin embargo, lo más curioso de todo es que como nuestro organismo es uno solo (físico y emocional) nuestras actitudes, emociones y cierto patrón de pensamiento y de actuación también vienen unidos a nuestra constitución.

El iridólogo, y cualquier persona, sin duda, tienen a su alcance una herramienta maravillosa para conocernos y para guiarnos hacia el camino de la salud y el bienestar. Es difícil encontrar otra disciplina médica tan interesante y que nos aporte tanta información sobre nosotros y nuestros pacientes como la Iridología, sin ser invasiva.

Resumiendo

Todos los iris los podemos encuadrar dentro de una serie de constituciones básicas que nos permiten determinar las tendencias o probabilidades hacia determinados problemas, pero sin atrevernos a asegurar que cierta persona seguro va a padecer determinada dolencia en el futuro.

De la misma manera que decimos que todos los seres humanos estamos encuadrados en uno de los cuatro temperamentos principales –linfático, sanguíneo, bilioso, nervioso–, o mezcla de temperamentos, así por el color del iris sabemos qué tipo de temperamento o constitución iridiana poseemos.

Sobre esto no hay un criterio común entre los iridólogos. Algunos consideran que solo hay dos constituciones principales: el linfático (iris azul) y el hematógeno  o sanguíneo (iris castaño). Otros iridólogos añaden una tercera constitución, la biliar o mixta (iris verde). Por otra parte, otros van más allá como Josef Deck que a su vez dentro de estas principales constituciones añade unos subtipos a estas constituciones; e incluso los hay que van mucho más allá estableciendo un tipo constitucional  a partir de un signo iridiano determinado. Este último criterio reduce la iridología a un proceso casi mecánico y, puede que a su vez, excesivamente simplista, ya que como sabemos la iridología no consiste en decir a este signo esta dolencia o enfermedad, sino que nos dice tantas cosas que es mucho más complejo de lo que podemos entender. Todo esto nos lleva a la conclusión siguiente: por mucho que sepamos de constituciones y tendencias que el iris nos revele, jamás podremos interpretar los tipos constitucionales como señales patológicas sin haber hecho un historial holístico previo.

Pasaremos a continuación a detallar algunas de las constituciones que se consideran más importantes y lo que nos revelan sobre el individuo. Después haremos una descripción más detallada de otras constituciones.

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