Anatomía del iris

El iris es una membrana conjuntivo-músculo-vascular que se sitúa casi entre las cámaras anterior y posterior del ojo, de las cuales forma en parte la pared divisoria. Lo podemos comparar al diafragma de las cámaras fotográficas ya que gracias a su elasticidad y amplísima movilidad, al estar formado principalmente por tejido conjuntivo, hace posible que se adapte a los diferentes cambios de intensidad de luz que constantemente entran por la pupila.

Iris

El espesor del iris es de aproximadamente 0,3 mm., siendo más fino en su borde periférico y presentando su máximo espesor en la zona del ángulo de Fuchs, donde se encuentra la corona nerviosa autónoma o corona simpática. Por otra parte, en su borde pupilar presenta una disminución moderada de su espesor.

La capa más posterior del iris o epitelio posterior, es la que no se percibe y está en contacto con la denominada retina ciega, capa pigmentaria de color violáceo que forma el fondo de la estructura del iris. Es en esta capa donde se pueden atribuir muchos de los signos nerviosos del iris, puesto que se remite a estructuras nobles del cerebro, de donde procede embriológicamente. El hecho de que esta última capa sea negra o casi negra, confiere al ojo humano ciertas características que iremos ahondando más adelante, en especial en lo que se refiere a la profundidad de ciertos signos (criptas) y al color general del iris.

Si vamos subiendo hacia arriba a través de la estructura del iris, nos encontramos con una pequeña zona muscular, formada por dos músculos antagónicos, el dilatador y el esfínter del iris. El músculo dilatador es el que dilata la pupila y está inervado por el sistema nervioso simpático. El músculo esfínter es el provoca la contracción del agujero pupilar. Está inervado por el sistema parasimpático.

Observamos así que los dos músculos del iris presentan un efecto antagónico. Mientras el primero, el dilatador, provoca la dilatación de la pupila, el segundo, el esfínter, provoca su contracción. Quizá de esta manera podamos comprender la extrema movilidad que presenta el iris, reflejando de esta manera el equilibrio del sistema nervioso vegetativo (simpático-para-simpático).

Por encima del endotelio del iris, nos encontramos con un tejido conjuntivo, denominado estroma del iris, cargado de vasos sanguíneos, que forma las nueve décimas partes del grosor del iris. Como se ha señalado anteriormente este tejido es elástico, hasta cierto punto extremadamente laxo. Es a este nivel donde aparecen signos de gran importancia, como las lagunas, criptas, debilidades, y otros.

Es en el estroma del iris donde se sitúan los pigmentos del iris, y la que da la coloración primordial del iris, que están contenidos en las células pigmentarias. El estroma está formado por un tejido conjuntivo fundamental casi transparente, de consistencia gelatinosa, y que está formado por fibrillas colágenas típicas, entrelazadas entre sí.

El estroma contiene la pigmentación esencial del iris, por su numerosa cantidad de células pigmentarias. De hecho, en personas albinas (que carecen de pigmentación) el color del iris es rojizo por la presencia de sangre en sus finos vasos. Esta capa es la más visible del iris. Los individuos con escasos pigmentos presentan una coloración azul, producida por el efecto óptico de la membrana violácea (capa uveal), que está en el epitelio posterior. El contenido en pigmento de las células pigmentarias del iris está en estrecha relación con el estado neurovegetativo del cuerpo. Por esta razón se dice que cuando existe un proceso que provoca fiebre (exaltación neurovegetativa) se aclaran los colores del iris.

Por encima de todo esto se sitúa el endotelio, o epitelio anterior, capa  prácticamente unicelular, que no es continua en toda su extensión. A nivel pupilar, se interrumpe en el reborde del iris. A este nivel se sitúan ciertas células con núcleos impregnados de melanina. Es debido a la existencia de estas diferentes capas en el iris el porqué a veces ciertos pigmentos parecen estar flotando sobre el iris, mientras que otros están impregnando el estroma del iris.

Las lagunas, que nacen a nivel del endotelio y pueden alcanzar una mayor o menor profundidad dentro del estroma, son resultado de la separación de los vasos que circulan en dirección radial, para reencontrarse más adelante. El mecanismo de formación de las denominadas “líneas de curación”, según Bernard Jensen, podría deberse a que el endotelio tapiza en ciertos casos la superficie interna de las lagunas, recubriéndolas como si se tratara de un techo.

Inervación del iris

El iris recibe sus fascículos nerviosos principalmente de los nervios trigémino, oculomotor y simpático, cuyo origen es el denominado plexo o ganglio ciliar. Sus conexiones son muy complejas. El iris tiene conexión directa con el tálamo óptico, que es el centro principal de la zona del diencéfalo cerebral y que según ciertos anatomistas es el centro de la sensibilidad de todas las partes del cuerpo. Estas conexiones entre el iris y el tálamo se realizan a través del nervio óptico.

Otro tipo de inervación es la que tiene su origen en el sistema nervioso vegetativo, que puede ser de tipo simpático y parasimpático. La vía simpática pone en contacto el iris con la substancia reticular y la corteza cerebral; la vía parasimpática presenta importantes relaciones con el tronco cerebral.

Por lo tanto, todos los órganos del cuerpo están conectados por diferentes circuitos nerviosos que, por medio de impulsos, envían información constante al cerebro; de esta forma, y a través del tercer par de nervios craneales, se transmite dicha información a los iris de ambos ojos quedando reflejadas todas las impresiones normales o anormales en el tejido del estroma iridiano.

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