1. La Edad media.

    Curso de Medicina Naturista
    Educador Holístico

El mundo árabe recibió la literatura científica griega. Según Avicena siempre se tiene que tener en cuenta el poder curativo de la naturaleza “porque el verdadero curador es la fuerza propia del hombre y no el médico, ya que el médico solamente toma los medios para restablecer esta fuerza”.

Henri de Mondeville, médico de cámara de Felipe el Hermoso hace una de las alabanzas más poéticas a la capacidad curativa de la naturaleza:

“La naturaleza es como un violinista, que guía y dirige a los bailarines con su música. Nosotros los médicos y los cirujanos somos como los bailarines, y a medida que la naturaleza toca el violín, nosotros deberíamos bailar manteniendo su ritmo”.

En la Europa medieval se produjo paulatinamente la adaptación del hombre como microcosmos al cristianismo. El hombre ha sido creado a imagen y semejanza de Dios y comparte con él la inteligencia, la razón y la libertad; la relación entre el hombre y el mundo se iba a modificar comenzando con una fuerte aspiración del hombre al dominio racional de la realidad. El médico que llamamos “moderno” poco a poco dejó de verse a sí mismo como “servidor” de la naturaleza y comenzó a sentirse como su “señor”.

  1. Siglos XVI y XVII

Durante el Renacimiento se dio una cierta dualidad entre los filósofos, los médicos y el resto de hombres de ciencia; algunos tenían una visión del cuerpo mecánica, reflejo de la concepción del universo como un gran mecanismo; y otros en cambio entendieron el cuerpo humano y la propia naturaleza como algo vivo movido por una fuerza “vis” interna.

El panvitalismo observó al universo como si fuese un ser vivo, un gran organismo dotado de una fuerza interna y espontánea; Paracelso, como los hipocráticos, defendió el poder curativo de la naturaleza, pero el médico no debía limitarse a servir a ésta; la terapia expectante no tenía valor, el médico debía participar diagnosticando la entidad morbosa, localizando la enfermedad y aplicando la terapia.

El mecanicismo entendía el universo como un inmenso mecanismo de formas geométricas inertes que se mueven gracias a una fuerza externa sometida a leyes matemáticas que regulan su mecanismo. El hombre puede conocer las leyes matemáticas que presiden el movimiento y por medio de este saber, modificar el mundo creado según sus necesidades.

El empirismo clínico con Sydenham pasó del estudio clínico de la enfermedad en el individuo enfermo y, por tanto única, a la clínica “moderna” de enfermedad como especie morbosa estándar que permitía incorporar la clínica al llamado “saber científico”. Como respuesta se dio lugar al nacimiento de una de las frases más universales del naturismo médico: “no existen enfermedades sino enfermos”.

  1. Siglos XVIII, XIX y XX

Las ciencias de la naturaleza y de la vida iniciaron un cambio importante que les llevó a alcanzar la suficiente madurez como para convertirse en sólidos apoyos para la nueva ciencia médica. Por una parte el estudio químico de la composición de los productos naturales así como sus sustancias activas, y por otra el análisis fisiológico de los mecanismos de acción, gracias a la fructífera relación entre la química y la medicina, dieron lugar al gran avance de estas ciencias, de la patología y de la clínica.

Finalmente, la aparición de los antibióticos, la síntesis química de medicamentos y el surgimiento de grandes industrias farmacéuticas relegarían a un segundo plano los conceptos románticos de la Medicina Natural.

  1. El movimiento naturista centroeuropeo del siglo XIX.

La hidroterapia es la base terapéutica sobre la que se desarrolla el posterior movimiento naturista. La utilización del agua había adquirido nuevos valores, ya no se percibía de la misma manera que en los dos siglos anteriores como un elemento capaz de infiltrarse en el cuerpo para debilitarlo, sino que se había convertido en una herramienta de fortalecimiento. El cuerpo era capaz de reaccionar a estímulos como el del baño frío, fortaleciéndose.

En el siglo XVIII en Silesia, antigua región de Europa central, trabajaba el médico Siegmund Hahn, que empleó y difundió la terapia con agua fría después de comprobar que su hijo Gottfried se curaba del tifus tras un tratamiento hidroteràpico. Su hijo mayor Johann Siegmund Hahn también médico continuó utilizando la hidroterapia como su padre y publicó un libro titulado “Enseñanza sobre la fuerza y efectos del agua fresca en los cuerpos de las personas” (Hahn, 1738).

Vinzenz Priessnitz (1799-1851) era un labrador al que le costaba leer y escribir, fue un autodidacta que se basó en la observación y en las costumbres de su entorno. Sufrió un accidente al recoger la cosecha en el que se fracturó varias costillas y, acostumbrado a observar a los animales curarse con agua, se aplicó compresas de agua fría durante un año. Después de esta experiencia comenzó a tratar con hidroterapia a sus vecinos. Priessnitz pensaba que todas las enfermedades estaban producidas por humores pecantes, estos humores impregnaban el organismo y el agua era el mejor medio para eliminarlos, tanto por el sudor como por las vías urinarias. Al comienzo de su trayectoria los médicos le denunciaron y atacaron hasta que su fama estuvo muy extendida y los ataques ya no le hacían daño. En el año 1839 atendió como pacientes a 1700 personas entre las cuales 120 eran médicos; por esta época en Europa Central existían ya 46 establecimientos hidropáticos en los que se seguía el sistema ideado por Priessnitz.

Theodor Hahn (1824-1883) había trabajado como farmacéutico y padecía asma desde niño, de la que fue curado en un sanatorio hidroterápico que seguía el sitema Priessnitz y después del tratamiento se quedó como colaborador. Con Tehodor Hahn entra, por primera vez, a formar parte de la medicina naturista un hombre que prescribió la alimentación lacto-vegetariana con un fin medicinal, que consideraba como estímulo de igual valor a la hidroterapia; recomendaba fruta y verdura cruda y consideraba la alimentación vegetariana como la alimentación natural del hombre.

Sebastián Kneipp (1821-1897) fue un sacerdote que también se curó a sí mismo de tuberculosis mediante la hidroterapia que asimiló y puso en práctica a través de la obra «Enseñanza sobre la fuerza y efectos del agua fresca en los cuerpos de las personas” (Hahn 1738). Fue parroco de Wörishofen y combinó esta tarea durante 25 años con la aplicación de hidroterapia a gran cantidad de enfermos. Las teorías de Kneipp, lo mismo que Priessnitz, nos recuerdan las mismas nociones vulgares decantadas de la teoría humoral; así para Kneipp el agua produce los siguientes efectos:

1º Disolver los gérmenes del mal que existen en la sangre.

2º Separar y eliminar las sustancias disueltas.

3º Restablecer la circulación normal de la sangre así purificada.

4º Vigorizar el organismo debilitado, devolviéndole la actividad perdida.

Empleaba además una dieta abundante no vegetariana, e infusiones de plantas medicinales. Kneipp también escribió varias obras: “Mi cura de agua”, “Mi testamento para sanos y enfermos”, “El cuidado de los niños” y otras.

Arnold Rikli (1823-1906) era fabricante de tintes que también leyó a sus antecesores y se aplicó a sí mismo tratamiento hidroterápico. Llamó a su tratamiento “la cura atmosférica” que consitía en hidroterapia con agua fría, agua caliente, baños de vapor; y lo que más le caracterizó fue el uso terapéutico del aire y de la luz del sol como “fuente de toda vida”.

Louis Kuhne (1835-1901) tuvo una fábrica de ebanistería durante 24 años y durante años también prueba en sí mismo diferentes tratamientos naturistas y desarrolla lo que él mismo llama pomposamente “La nueva ciencia de curar” que no es más que una recopilación de las prácticas naturistas de sus antecesores. Según él, “el diagnóstico del nombre de las enfermedades, tal como lo hace la medicina moderna, es completamente inútil…Si la enfermedad es una, el modo de curarla debe ser igualmente uno. Este único tratamiento consiste en evitar la introducción de sustancias tóxicas en la alimentación y expulsar las que ya se han acumulado en el cuerpo. Los alimentos más adecuados son los vegetales y sin su uso no es posible la curación.

Max Bircher-Benner (1867-1939) acabó la carrera de medicina y fue un gran estudioso y práctico sobre la fisiología de la nutrición y la dietética, estudió además la física de la energía en los alimentos. Llegó a la conclusión de que lo que distinguía a los alimentos crudos era su capacidad de ser portadores de la luz solar convirtiéndose en el más apasionado defensor de la dieta vegetal cruda para mejorar la salud de las personas y combatir las enfermedades.

Tema relacionado: Breve historia de la Medicina Naturista – Parte 1

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