Circuitos neuronales y reflexología

Todas las neuronas del sistema nervioso están directamente o indirectamente conectadas entre sí, esto es un hecho biológicamente demostrado; por lo tanto, cuando una neurona cualquiera entra en actividad, la onda de excitación puede alcanzar teóricamente a cualquier punto del sistema.

Neurona típica con vaina de mielina en el axón

La corriente nerviosa sigue las líneas de menor resistencia determinadas por la “arquitectura” general del sistema, el número de sinapsis, la naturaleza de las neuronas que las forman y su estado funcional.

Las distintas ramas en que se divide el axón de una neurona pueden estar en contacto con dos o más neuronas, una de las cuales puede establecer contacto con otras varias simultáneamente y así sucesivamente. Este tipo de dispositivo recibe el nombre de circuito divergente o amplificador. Igualmente, cuando el mecanismo nervioso funciona en dirección contraria, tendríamos un circuito convergente, o en otras diversas esquematizaciones, tendríamos circuitos recurrentes o en paralelo.

Tras todo lo expuesto, resulta fácil entender la manifestación del acto reflejo y de la reflexología mecánica y diagnóstica que manifiesta el organismo.

Todos los actos y manifestaciones reflejas obedecen a respuestas automáticas frente a estímulos determinados, y dependiendo del tipo, cantidad y calidad del estímulo, así será el acto reflejo y manifestación externa, que en la mayoría de los casos tiende a proteger al organismo, ya sea mediante manifestaciones o síntomas, que anteceden por mucho a la instauración de alguna enfermedad, o mediante reacciones inconscientes o automáticas que subsanan las dificultades comunes en la vida rutinaria.

Para este tipo de manifestaciones generales reflexológicas, el organismo utiliza, según sus necesidades, cualquier circuito nervioso de las vías sensitivas conocidas hasta el momento. Sea por la sensibilidad soméstica, procedente de los receptores cutáneos y de los propioceptores; o por las vías gustativas, o vías olfatorias, o vías visuales, o vías auditivas, o vías vestibulares, procedentes de los receptores del equilibrio que también desencadenan respuestas motoras automáticas o reflejos laberínticos -cuya localización aún es imprecisa en relación con la corteza cerebral-.

De la misma manera, tales vías sensitivas, tienen su propio lenguaje exterior para manifestar la normalidad o anormalidad del medio interno, incluso una topografía exacta del aparato o sistema interno que se refleja en cada área externa.

Tras larga y prolongada experiencia en este campo, se han podido utilizar las topografías que abarcan a cada órgano exterior, en particular, para desarrollar las diversas técnicas de la reflexología, tanto en el diagnóstico como en el pronóstico y en el tratamiento, mediante estímulos naturales o cambios en los hábitos de vida perjudiciales, a fin de devolver al organismo su normalidad funcional que es el equivalente a la salud.

Acto seguido, pasaremos a analizar, más escuetamente, una de las técnicas reflexológicas más destacadas y avanzadas por sus grandes beneficios e inocuidad: La Iridología.

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