La iridología no tiene como misión identificar enfermedades o hacer un diagnóstico médico de estas. Cuando observamos un iris nos ponemos en contacto con una fuente de información o de comunicación: la más compleja estructura de tejidos que el cuerpo pueda presentar al mundo exterior. La iridología nos permite ver la interioridad del cuerpo desde el exterior. Al observar la profundidad del organismo no percibimos una enfermedad por su nombre (la naturaleza no pone nombre a las enfermedades); pero sí observamos manifestaciones, indicaciones, síntomas, que nos permiten conocer mejor el estado de salud de las personas.

Sin salud mental no hay salud física

La iridología es un método económico, sencillo e indoloro para observar el interior del cuerpo. Sin embargo, la iridología es un análisis complementario que no debe emplearse por sí solo, sino en combinación con otros sistemas de diagnóstico que estén a nuestro alcance.

Los diferentes métodos de diagnóstico que existen nos permiten ESCUDRIÑAR hasta el más mínimo detalle una dolencia o un órgano, medir en milímetros el tamaño de un tumor, etc; pero NO EXISTE ninguna técnica de diagnóstico que nos permita tener un conocimiento global del estado de salud de una persona como la iridología, NINGUNO. 

Por lo tanto, la iridología satisface dos demandas fundamentales de la ciencia médica actual: métodos sencillos y menos complejos para conocer las condiciones del paciente, y el mejor sistema para la prevención de la enfermedad. ¡Qué más se puede pedir! 

La iridología como arte

Pero además de ser ciencia, la iridología tiene mucho de arte.   Decimos que es una ciencia porque hay unos principios reconocidos, que constituyen un muy bien definido y creciente cuerpo de conocimientos, que entran a regir esta técnica y que por lo tanto constituye una ciencia consolidada.

La iridología todavía no es una ciencia exacta, en el sentido de que todo funciona de forma mecánica o estricta. Al contrario, como verdadera ciencia biológica, todavía hay muchos detalles que están por descubrir, e incluso una vez descubiertos saber interpretarlos. La única forma de avanzar en esta ciencia es continuar investigando en los signos que aparecen en el iris y comparando con los síntomas de enfermedad que experimenten las personas que los poseen. De hecho, se puede decir que la iridología, en este momento, nos revela mucho más de lo que sabemos comprender.

Sin embargo, también tiene mucho de arte, porque no podemos concluir que a tal signo, marca, o mancha, automáticamente diagnosticamos una enfermedad como se hace de forma mecánica en la medicina alopática sin tener en cuenta a la persona de forma holística. No, la mente del iridólogo tiene que ser una mente mucha más amplia y abarcadora. El análisis iridológico tiene que tener un enfoque holístico. Nos tenemos que concentrar no solo en los males, sino en la persona; estudiarla,  mirarla, quererla, para poder comprenderla. Todo esto requiere de una intuición que no toda persona posee. Por eso observamos que algunos mal llamados “iridólogos” pretenden diagnosticar incluso enfermedades con solo mirar el iris de los ojos de una persona, cuando la realidad es mucho más complicada. No podemos ni debemos hacer de adivinos porque de seguro fracasaremos en el desarrollo de esta maravillosa ciencia que la naturaleza humana nos ha puesto a su alcance. Todos estos falsos iridólogos, o simplemente aprendices, tienen que cuidarse al hacer sus observaciones porque le pueden hacer flaco servicio a tan fascinante método de análisis.

La iridología es, sin duda, una de las herramientas más maravillosas que tenemos a nuestro alcance para poder conocernos y conocer a otros. Con esta herramienta podemos ver como a través de una pantalla de televisión toda una radiografía holística de la persona y sin necesidad de análisis, rayos X, endoscopias y un sin fin de métodos de diagnósticos que invaden nuestro organismo. No queremos decir con esto que solo nos vamos a valer de la iridología, y que, por lo tanto, despreciamos los otros métodos de análisis. Como se dijo anteriormente, no nos hace falta actuar de adivinos. Debemos hacer un historial holístico de la persona que nos permita conocerla. Las preguntas al paciente y el saber de otras pruebas que se le hayan hecho a la persona nos permitirán comprender como saber relacionar, entender o discernir, lo que vemos en el iris con toda la otra información que el paciente nos proporcione.

Lo verdaderamente triste es el rechazo que ha sufrido esta ciencia por la medicina tradicional, alopática. Aunque la iridología, poco a poco, se va abriendo camino en el mundo médico, por lo general es despreciada por los muchos ignorantes y gente de mente oscura y estrecha que no saben ver más que números.

Una de las razones por lo que la iridología ha sido rechazada es porque el iris llega al fondo del problema, a la causa de los males, y muchas veces no coincide con los diagnósticos sintomáticos de la medicina alopática. Como dijo una vez la madre de uno de los más grandes iridólogos de este siglo, el doctor Bernard Jensen: “cuanto más cerca estés de la verdad, más solo estarás”. Así le ha pasado a la iridología. Solo los más amantes de la naturaleza, los que han tenido una mente más amplia, han sabido descubrir en ella un maravilloso método de análisis de la salud de las personas.

Decimos “análisis” y no “diagnóstico”; pues no queremos meternos en el terreno de la medicina tradicional. Un iridólogo no está facultado, en muchos países, por los organismos oficiales para hacer diagnósticos de enfermedades. Ese trabajo es de los médicos alopáticos. Por el contrario, nosotros nos dedicamos a “analizar” lo que vemos a través del iris, a estudiar, a interpretar, a sacar conclusiones que nos permita comprender cuál es el origen del mal, por qué la persona manifiesta esos síntomas, qué carencias sufre la persona, etc, etc.

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